Bajo el maquillaje

Anoche, como todas

las noches de un holocausto,

se escuchó a través

de la oscuridad el llanto

de un payaso.

Eran risas, eran risas

de niños sobre la acera.

Un hombre descubrió

el grito descolorido de una triste sonrisa;

el hálito final

de un globo rojo

que sigue flotando en el espacio.

Se va, se va

perdiendo aquella alma

que olvidó su disfraz en

un diván perdido.

Buenas noches, payaso;

buenas noches, hombre

del maquillaje corrido;

buenas noches en esa

lágrima que desgarró

el espíritu de los niños;

a él, a ti,

a mí,

a todos los que nos creemos humanos.

Sin rostro

Qué busca un sin rostro

vestido de negro y gris;

qué busca en el parque,

bajo el sol, bajo la lluvia,

en el rocío y la niebla

de una semana entera.

(¿Qué buscas?)

¿Acaso ve caer el tiempo

y la vida como

agujas que atraviesan la piel,

que palpan los huesos,

(pero ya no duele)

mojadas de polvo?

Yo no sé, quién podría

encontrar la razón en los ojos

de un sin rostro;

el iris plateado que habla

de muerte.

Polilla

Las voces van llegando desde el horizonte

y te dicen que los demonios te hablan entre dientes.

El callejón se cierne como la boca de un animal hambriento,

como el negro de una mirada

entre los destellos del horizonte,

con el clamor de un dulce huracán

que llegará a medianoche.

Y ves que avanzan, que la bulla del mundo no tiene sueño;

como esas gotas que bañan tus hombros caídos,

que te recuerdan lo frío de las palabras,

que se niegan a correr hacia

las montañas de los ayeres.

Se detiene la marcha bajo la sombra de un alma llena de cafeína

y muchos estimulantes artificiales.

Esas formas sin tiempo ni espacio;

sin luz, sin tinieblas, sin respuestas útiles.

(Los ojos rojos pasan volando)

Aquello de lo que aún no huyes

te espera en la esquina de un motel abandonado,

uno donde las luces intermitentes de la entrada

son las de tu hogar marchito.

Caminas dejando atrás tus notas,

esperando que salga el sol;

pero ves la hora y te das cuenta

de que alguien olvidó darle cuerda a la vida.

Alguna vez un hombre de barba blanca

te habló acerca de estas noches

tan largas como un cáncer

que no te mata fácilmente.

Arturo Santana. Nació el 10 de mayo de 1994 en Ciudad de Guatemala. Desde pequeño se interesó por la literatura, especialmente por el terror, el misterio y la ciencia ficción. Tiene pénsum cerrado de Licenciatura en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha trabajado como corrector de textos en un medio de comunicación. Ha publicado poemas y cuentos en revista Mandrágora y en La Fábrik.

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Escrito por Colaboradores Mandrágora

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