Diariamente, con absurda facilidad emergen nuevas páginas de Facebook para avisarte si ya es Navidad o tu crush ya te corresponde. Las redes surgieron como herramientas de unión y paz, pero, tal como sucede con el pegamento de zapatos y las pastillas para dormir, la gente las usa para embrutecerse. Al sumarse la desesperada necesidad de pertenencia de los millennials ha surgido una tendencia a crear contenidos que descartan la necesidad del humor para recaer única y exclusivamente en la identidad. Hablo de los memes donde en lugar de reírte solo piensas “ah sí, yo hago eso”. He visto las profundidades más irónicas y absurdas de esta tenencia, pero los ejemplos más tóxicos quizá vienen de un sisma en el movimiento de la diversidad sexual.

Antes de que compartan este artículo en el chat de la iglesia y sus grupos de ultra-derecha, permítanme aclarar que apoyo, promuevo y respaldo al 500% a la comunidad LGBT. Conozco muy bien el odio y resentimiento que experimentan, y reconozco también la necesidad de aliarse para dignificar sus emociones e ideas. Sigo a muchos activistas y medios que respaldan al arcoíris y buscan su equidad en derechos y posición social. Como sucede con cualquier comunidad minoritaria, poco tardan en surgir los chistes en torno a estereotipos y mitos más o menos justificados. Es humano que hagamos humor a partir de lo que nos hiere: en este caso, una sociedad heteronormativa y cerrada al amor. Lo que me sorprende es que recientemente he visto muchísimas más tendencias de odio que de #loveislove, y no me refiero solo a los posts homofóbicos de las tías piadosas.

Érase una vez, los sitios de activismo compartían hermosas historias de recién casados gay o adolescentes que abandonan el armario. Luego vinieron las publicaciones para burlarse de los argumentos homofóbicos y discursos conservadores. Pero ahora resulta que Tumblr (cementerio de la sensibilidad y lógica) ha dado a luz varios contenidos específicamente pensados para desprestigiar la heterosexualidad como algo deshonroso y falso. Entiendo que empezó como una manera sarcástica de combatir el rechazo, pero las actitudes de quienes lo comparten no suenan exactamente cómicas. Incluso he llegado a ver peticiones para eliminar la bisexualidad del movimiento (sí, la B de LGBT) porque tiene la posibilidad de “gozar un privilegio hetero”. A esto se suma la necesidad de reclamar etiquetas, banderas de semi-orientaciones, y pronombres inventados que le adjudican al movimiento un carácter de culto, capaz de un rechazo comparable al que sus miembros han experimentado.

Repito: entiendo cómo empezó el chiste, pero veo demasiadas personas que hoy utilizan términos como homofobia, bifobia, lesbofobia o transfobia para culpar a “la sociedad” de sus propias relaciones disfuncionales. El movimiento pareciera colapsar desde dentro, empleando el odio para categorizar quién es “adecuadamente” gay, bi o trans, y culmina en un discurso de victimismo que convierte la sexualidad en el único eje de la persona. Tal parece que uno no es nadie fuera de la preferencia de con quién acostarse. Y si algo aman los algoritmos sentimentales del Twitter es el victimismo y las falacias absolutistas.

Imagino que la ira virulenta que ha movido estos memes LGBT tiene mucho que ver con la edad de su audiencia: principalmente millennials tardíos y centennials recién iluminados. Son generaciones más jóvenes y más abiertas sobre su identidad sexual, lo cual no es malo, pero tampoco justifica que infantilicen el movimiento. Siento que el movimiento LGBT de estos días se proyecta como una fiesta de sexo y diversión que opaca la dificultad que sobrellevan muchos de sus miembros para lograr relaciones y carreras exitosas. Hablo de años de abuso y marginación a los que se estas personas se sobrepusieron con fortaleza e inteligencia, no con memes, emojis y retuits.

Espero que la madurez no tarde en alcanzar a estos jovencitos queer.

El movimiento LGBT no tiene una agenda: no se trata de inventarse banderas, pintarse el pelo, sacarse piercings e insultar a la mayoría biológica. Se trata de un reconocimiento del sentir más puro en el ser humano, así que por favor dejen de ensuciar el legado de personas oprimidas con sus pleitos de chiquillos.

Porque si vamos a seguir prescribiendo la sexualidad queer como un nuevo discurso de odio, permítanme ser la primera en devolver mi otra tarjeta de Club BI.

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Escrito por Editores Mandrágora

Mandrágora fue fundada en 2014. Es una de las primeras revistas en línea, con sede en Guatemala, dedicada a la divulgación de la literatura contemporánea en Hispanoamérica. Publicamos narrativa, poesía, reseñas, opinión y crítica de arte.

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