I

Dos helicópteros aterrizan en la plaza central de la Ciudad de Guatemala. Un grupo insurgente controla la capital y amenaza con tomar por asalto el Palacio Nacional. Seis guarniciones militares están listas para combatir. El pequeño grupo hace un despliegue intimidatorio: tanques, carros con ametralladoras, elementos armados y camiones rondan las inmediaciones del Centro Histórico.

Nada de esto impresiona a Fernando Romeo Lucas García. Viene de una rancia familia guatemalteca de terratenientes y militares. Está dispuesto a resistir. Sabe que las tropas apostadas dentro del Palacio Nacional tienen la capacidad de aplastar este conato. Aplicará castigos ejemplares, piensa, y mandará un mensaje: la elección presidencial de Aníbal Guevara fue legítima y se cumplirá.

Sin embargo, la rendición de Fernando Romeo Lucas García es inminente. Ha recibido una llamada en su despacho. Espera que provenga de su hermano Benedicto con la confirmación del envío de refuerzos, pero la voz es distinta: pertenece al jefe de administración pública, coronel Montalbán Batres, quien le informa que los insurgentes han jugado sucio: «Mi general, debe presentarse inmediatamente al pasadizo secreto». Obedece y desciende a toda prisa al túnel de Casa Presidencial. Es verdad, jugaron sucio: secuestraron a su madre―una anciana de 90 años―y a su hermana y las encañonan.

Golpe de Estado de 1982. Crédito: Hemeroteca, Prensa Libre.

Lucas García conoce bien estas tácticas, su gobierno las ha puesto en práctica durante el conflicto armado interno, y sabe que el soldado disparará sin remordimientos; órdenes son órdenes.

Lucas García renuncia en el acto. Informa a sus ministros sobre la decisión. Minutos después, sale del poder por todo lo alto: los helicópteros escoltan al séquito ex presidencial hacia el aeropuerto internacional La Aurora. Abandonan el país ese mismo día. El triunvirato de los oficiales jóvenes toma el poder. El 23 de marzo de 1982 ha concluido.

II

La junta militar de gobierno estaba formada por los coroneles Horacio Maldonado y Francisco Gordillo y por el general José Efraín Ríos Montt. Inmediatamente, la Junta disolvió el congreso, declaró la ley marcial, suspendió la constitución y las legislaturas, y convocó a elecciones, sin dar fechas.

El 9 de julio de 1982, el general Ríos Montt deshizo la Junta militar―obligó a los coroneles a renunciar―y se convirtió en Jefe de facto, aunque siempre prefirió ser llamado «presidente».

Su régimen ha sido señalado como una de las dictaduras más sangrientas de la sangrienta historia latinoamericana. Fue acusado de crear tribunales secretos y dirigir campañas contra disidentes que «incluían secuestros, torturas y ejecuciones extrajudiciales.» La operación Victoria 82―una especie de Solución Final―fue diseñada para acabar con la guerrilla, por medio de la política de tierra arrasada y de Frijoles y fusiles, una estrategia de pacificación rural. Esta política, de acuerdo con la Comisión de la Verdad, convocada por la ONU en 1999, resultó en la eliminación de casi 600 comunidades en los departamentos de Quiché y Huehuetenango. Estados Unidos, pese a los informes de Amnistía Internacional y las organizaciones de derechos humanos, continuó y mejoró su apoyo al régimen. Israel, que proveía de armamento a Guatemala desde 1974, también contribuyó con entrenamiento operacional y cursos sobre inteligencia militar.

En diciembre de 1982, Ríos Montt anunció que el Estado de Guatemala había ganado la guerra contra los subversivos. Se ganó con techo, trabajo y tortillas. En realidad, la cúpula de poder militar no compartía esa opinión y trató de asestar un cambio. Tres atentados fueron infructuosos y esto obligó a Ríos Montt a convocar elecciones para julio de 1984. Su ministro de Defensa, Óscar Mejía Víctores no era paciente: derribó el régimen el 08 de agosto de 1983. Siete personas murieron durante los enfrentamientos.

La popularidad de Ríos Montt había ido en picada después de su negativa de indultar a seis grupos guerrilleros durante la visita de Juan Pablo II. En los círculos militares se vio con desaprobación su costumbre de ascender a jóvenes a altos cargos sin respetar la jerarquía militar, y la ciudadanía deploró la imposición del IVA. Las acusaciones de violaciones a los derechos humanos y de ejecuciones extrajudiciales continuaron con Mejía Víctores.

Ríos Montt se retiró de la vida pública, pero no por mucho tiempo. En 1989 formó un comité cívico, y en 1990 fundó el Frente Republicano Guatemalteco. Su meta era volver al Palacio Nacional.

CONTINUARÁ

Fuentes:

“The Final Battle: Ríos Montt’s Counterinsurgency Campaign”nsarchive2.gwu.edu.

David Lea; Colette Milward; Annamarie Rowe, eds. (2001). A political chronology of the Americas. Psychology Press. p. 118.

Pike, John. “Guatemala”Globalsecurity.org.

“Wayback Machine”Web.archive.org. October 10, 2000. Archived from the original on October 10, 2000.

René., De La Pedraja Tomán,. Wars of Latin America, 1982-2013 : the path to peace. Jefferson, North Carolina. ISBN9780786470167OCLC848393376.

“Guatemala: Memory of Silence, Report of the Commission for Historical Clarification”. Shr.aaas.org.

 Navarro, Mireya (February 26, 1999). “Guatemalan Army Waged ‘Genocide,’ New Report Finds”The New York Times.

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Escrito por Mandrágora

Fundada en 2014 por Fernando Vérkell. Una de las primeras revistas en línea con sede en Guatemala dedicada a la divulgación de la literatura contemporánea en Hispanoamérica. Envíe propuestas a gt.revistamandragora@gmail.com

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