—¿Aló?

—Sí, ¿papá? Soy yo, Verónica. Me llamó el doctor de mi mamá, voy camino al hospital —sollozaba—. Creo que ha llegado la hora.

—Entendido. Ya salgo para allá.

El hospital quedaba a siete cuadras del apartamento que sus hijos y nietos mayores rentaban para él y su esposa. Al salir del edificio vio su Cadillac parqueado justo enfrente, pero prefirió caminar.

Durante su trayecto, en la acera contraria, un elefante se acurrucaba a la Liebestraum No. 3 en La Bemol Mayor, de Franz Liszt, pero él no le prestó mayor atención.

Más adelante, una ambulancia estuvo a punto de provocar una colisión en el semáforo de la Calle 16 y Avenida Independencia, pero este hecho también pasó inadvertido para él.

Cuando llegó al hospital casi una hora después, su esposa pidió hablar con él:

—Tengo algo que confesarte antes de irme —le dijo.

—¿Ajá? Decime.

—Verónica… ella…

—Sí, y Agustín tampoco —la interrumpió—. Estate tranquila, no pasa nada. Mejor dormite.

***

Alfonso Guido, fundador de casiliteral.com 

***

Foto: The Photo Archive 

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