Fernando Vérkell: Carlos, en Música rara hay varios temas, pero la ciudad me parece uno de los más importantes. Muchos poemas versan sobre las calles, los autos, las luces. ¿Cómo describís la capital?

Carlos Gerardo:
En ese poemario está presente la idea de la ciudad como un caos.

Es una idea que perturbó mi imaginación a raíz de la migración y del conocimiento que tuve de la capital. En ese sentido, creo que es un intento por retratar la ausencia de esperanza al perder una relación.

La idea de la música es la idea del orden, entonces, al final, un poco lo que trataba de encontrar era la música que surge del caos.


FV:
Hablando del caos, creés que es exclusivo de la ciudad, ¿o también se manifiesta en el área rural?

CG: Pues qué pregunta… (Ríe) Sin duda el caos es una condición de nuestra época, posmoderna… y no necesariamente es una condición negativa, permite la validación y la existencia paralela de muchos, muchos saberes.
Tengo la noticia más vívida del área rural como un recuerdo de mi infancia. Tal vez, desde mi subjetividad, nunca logré vivir ese caos rural. De hecho, cada vez que viajo al Jícaro tengo la impresión de que no solo me desplazo geográficamente, sino de forma cronológica. Vuelvo a verme y a vivir de niño. Pienso que se dan otras dinámicas allá, de relaciones sociales, de relaciones familiares, de transmisión del conocimiento.

Sin duda las comunidades rurales han padecido (más de lo que se han enriquecido) de esta condición. Una especie extrema de esas posmodernidades periféricas, de las que hablaba Beatriz Sarlo, que implantan e imponen determinados modelos de desarrollo… tal vez por ahí sea posible encontrar esas experiencias de desorden en las comunidades.


FV:
Ahora, el regreso al Jícaro, te trae a los recuerdos de infancia. ¿Cómo nace Genealogías? ¿Recordás ese momento donde decidiste el tema del poemario?


CG:
Creo que no recuerdo exactamente haber escogido el tema. Con un amigo comenzamos a pensar qué hacíamos en la ciudad. Él también es migrante. Siempre fantaséabamos con qué hubiera pasado si nos hubiéramos quedado en nuestros pueblos.

Nos dábamos cuenta que la ciudad estaba presente, de forma explícita o no, en todos los poemas. A los dos nos afectó mucho el fenómeno de la ciudad.

Mucha de la poesía generada en los dosmiles era urbana, visualizaba a la ciudad como un monstruo, o como algo metafísico, que no se quedaba solo en los edificios de concreto.

Eso es cierto, la ciudad no es solo la infraestructura y el poder, sino la forma de ser de las personas. Entonces pensé en salir un poco de esa temática. La única experiencia con la que mi imaginación estaba suficientemente nutrida para salir de la ciudad era la experiencia de mi infancia.


FV:
Mi familia paterna es de Quetzaltenango pero migró a Reu durante la infancia de mi padre. Cuando leo versos de Genealogías, me imagino  la casa de la abuela, a la que no he vuelto. ¿Dónde escribiste la mayor parte del libro?


CG:
Sí, originalmente el libro incluía fotos de la casa de mis bisabuelos, que también es la casa donde crecí. Me alegra que te haya evocado esa casa.

La mayoría del tiempo durante el que escribí Genealogías estaba viviendo aquí, en la capital.

Eventualmente viajaba al Jícaro, raras veces estoy más de una semana. Casi no escribo estando allá.  Al menos no formalmente.


FV:
Si tuvieras la oportunidad de escribir el libro nuevamente, ¿añadirías algo o editarías alguna sección?


CG:
Sí, de hecho, el libro lo escribí hace un tiempo. Uno realmente nunca deja de editar, siempre cambia la idea que tiene sobre la literatura y la idea que tiene sobre qué es un poema. Cómo se construye el ritmo, y así. Dejé de editar el libro porque iba haciendo varias versiones, y uno de los poemas lo edité mucho más que los otros.
Pero de repente me di cuenta de que, más o menos la octava versión de ese poema (era un verso en específico) era igual a la quinta, algo así. Me di cuenta de que andaba dando ya vueltas en círculo y que mientras no pasara mucho tiempo, no iba a poder hacer ya nada más por el poemario.

Estoy seguro de que si lo vuelvo a leer, encontraré algo que no me agrada, o un poema que de repente me deja más dudas que los anteriores.

O lo que me pasó: encontrar un epígrafe exacto para un poema en especial, pero luego de que ya lo había cerrado.


FV:
Recuerdo lo que dijo Alfonso Reyes: “Publicamos para no pasarnos la vida corrigiendo manuscritos” ¿Qué sentiste cuando te notificaron que el libro era el ganador del certamen?


CG:
Sentí una gran alegría. Tanto por el premio como por la posibilidad de publicar. La editorial me había gustado, y la había seguido desde antes. Así que te imaginarás mi emoción. El premio no incluye una dotación económica, sino libros. Mi principal incentivo para enviar el poemario fue la posibilidad de publicar el texto: la posibilidad de que tus palabras las lea alguien más, el otro o la otra que no conozco.

Hay que desconfiar de los premios… Pero me alegra mucho que mi libro haya sido publicado por EquiZZero. Respeto mucho su trabajo y su catálogo editorial.


FV:
La pregunta inevitable es: en Centro América, ¿a quiénes recomendás leer? Escritores vivos, para hacerla más difícil.

CG: El Salvador tiene muchas buenas propuestas, tanto de narrativa como de poesía. Una de ellas, y es una escritora y poeta a quien admiro mucho, es Elena Salamanca. Me parece una genial conjunción de calidad literaria y pertinencia intelectual. Además, disfruté mucho a Jacinta Escudos y a Horacio Castellanos Moya.

Poetas… leí a Krisma Mancilla, a Manuel Barrera y a Osvaldo Hernández. Todos publicaron en una colección que salió como en 2005, me parecen muy buenos. Además el libro de Elena, Peces en la boca y el libro Mitómano suelto de Manuel Barrera, son textos que recomiendo sin dudarlo

Vladimir Amaya, también es interesante… El Salvador tiene una tradición poética bastante parecida a la nuestra. Incluso las guerras terminaron en fechas muy similares (en el 92, la de El Salvador), y aunque las posguerras fueron diferentes en muchos sentidos, creo que sí hubo una época primaveral para la cultura en las posguerras, que actualmente ha nutrido un panorama cultural bastante abierto en los dos países.

Hace poco leí un poemario de Amy Loan (Josué Andrés Moz) editado aquí en Guatemala, y me pareció muy bueno.

Conozco poco de literatura hondureña. Samuel Trigueros, sin embargo, me parece que tiene una postura ética y estética bastante coherente y pertinente respecto de la región.

Nicaragua… Creo que he conocido a pocos escritores jóvenes nicaragüenses.
Sergio Ramírez, casi como lugar común. Igual, El estrecho dudoso de Cardenal (únicamente ese libro de Cardenal).

Costa Rica, igual, creo que peco de dejar fuera a mucha gente. Pero me gustó mucho un libro de Luis Negrón que se llama Mundo cruel, también uno de Alexánder Obando, El más violento paraíso. Honestamente es de aplaudir que en Centroamérica se conciba un proyecto narrativo de esas dimensiones.
De poesía, creo que la editorial Germinal, y en su momento, las editoriales “Lanzallamas” y “Perro azul” dinamizaron bastante el ambiente cultural.


FV:
¿Cómo definís tus poemarios?


CG:
Mudanzas. Música rara tiene como tema la ciudad. Genealogías tiene como tema central la migración, o al menos esa fue mi intención.


FV:
¿Cómo buscó Carlos Gerardo su genealogía?


CG:
Recuerdo que salía a pescar los domingos, con mi papá y con un chucho que teníamos. Recuerdo que para llegar al Jícaro había que cruzar el Motagua en una canoa, y que el canoguero se llamaba Miguel. Recuerdo que salía todos los días a jugar pelota. Recuerdo que mi abuela me enseñó a desgranar maíz, a sembrar yuca, a cosecharla.

Traté de encontrar toda la riqueza de esas experiencias. Y quitar la ciudad como fenómeno definitivo.

************
Nos despedimos y por la noche vuelvo a leer Música rara. Pienso que debo contactar a Marco Valerio, y debemos platicar sobre Alambique.

Antes de dormir, releo un poema incluido en Música rara:

(3)

Hay poemas que están escritos desde el suelo

después de un K.O.

No sabes exactamente quién te ha golpeado

Pero sabes que estás tirado en la lona,

comienzas a escribir

palabras que se levantan

mientras tú sigues tendido
[…]
Levantarte no importa.

Prefieres leer y escuchar música

antes que seguir escribiendo.

Sigue escribiendo. Eso importa.
******

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