Patriota. Soldado. 22 años. Padre, esposo, hijo, hermano, nieto, primo, sobrino, tío, buen amigo. Y además cree amar a su país.

Es tiempo de guerra. Su primera misión, su primer enfrentamiento cara a cara con el enemigo. Se había esforzado mucho para estar ahí. ¿Cuánto tiempo había pasado hasta ese momento? ¿Por lo menos tres años en West Point? ¿Un par de años más como reserva en la 3ra. División de Infantería? Piensa en su bandera—«cincuenta estrellas blancas sobre fondo azul, siete barras rojas, igual número de blancas»—y suspira. Cuán orgulloso se siente de portarla en su uniforme.

Se prepara. Toma su fusil por primera vez en batalla y avanza. En ese momento sabe que ganará esa batalla, esa guerra y muchas otras. Se ve como un héroe recibiendo la Medalla de Honor de manos de su presidente. ¿Corea del Norte? ¿Siria? ¿Rusia? «pff!». El ejército de ninguna nación sobre la faz de la Tierra podría hacerle frente al suyo. Ahora identifica al enemigo, carga, apunta, pero nunca llega a disparar porque una repentina explosión lo golpea, lo avienta, lo ciega, lo ensordece, lo envuelve en sangre, en polvo, en soledad.

En el polvo, inmóvil—más explosiones, gritos, disparos, llantos, cuerpos mutilados y desolación a su alrededor—, logra abrir los ojos para ver su pierna temblorosa y despedazada a dos metros de su cuerpo—«¿La izquierda?» «¿la derecha?»—. Sobre su mano izquierda siente vísceras que no alcanza a ver —«¿son mías?». El cuerpo de un compañero de combate—«¿Li? ¿McAllen? ¿Hernández?«, irreconocible, también yace tirado a un metro suyo y lo único que logra identificar de él es la bandera que decora el pedazo de uniforme: cincuenta estrellas sobre fondo azul, siete barras rojas—las cuenta—y seis barras blancas. Seis.

Entonces comprendió que toda la vida estuvo equivocado pero el tiempo todavía le alcanza para sentirse solo, reflexionar, reírse de sí mismo y odiar con toda su alma. Cuán estúpido se siente en ese momento y por por poco se muere creyendo que su bandera tiene siete barras blancas.

 

***Alfonso Guido (Nicaragua, 1987) Escritor y editor. Fundador de la revista centroamericana Casi literal, casiliteral.com. Ha publicado La ahijada del coyote (novela, 2009), Anastasia y el fin del mundo (relatos, 2010) y El músico y las sandías (2015).

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