“No saber qué deben hacer pero pensar que seguro lo sabrán cuando lo hayan hecho: esta paradoja persigue a los artistas desde el principio del tiempo”. 

“Respuestas finales”, Lecturas sobre la lectura. Alberto Manguel

La memoria, el conocimiento, la sabiduría y la fuerza que engloba todo esto, la imaginación, provienen del pasado. No estamos ni vamos hacia ninguna parte. Siempre, en cambio, hemos sido originados por algo, lo conozcamos o no, siempre estamos en marcha transitoria, llegando desde algún momento, sitio o sentimiento, inmutables bichos de paso. Como un equipaje de sueños que no alcanzamos a comprender, nuestro interior, y como la más repugnante pesadilla, o una osada proclama del plan perfecto de un estúpido, el mundo. Ahí tenemos  aquello que por suerte no resulta más largo, eso que ya es suficientemente aburrido y precario, todo por lo que luchamos y todo por lo que morimos: la vida.

Solamente la poesía podría dar alguna clase de valor a la vida, pero la pesadumbre y la torpeza con que los seres humanos utilizamos el lenguaje parecen ser, para infortunio de la tierra, mayores que la humildad con que a lo largo de los siglos los verdaderos poetas han expresado con el más acendrado vértigo el irresoluble acertijo de la condición humana. Corregir el rumbo cotidiano de las palabras, generalmente un derrochar, es tarea del lector. Lo escrito no está terminado, la lectura no pretende terminarlo, pero sí debe reencauzarlo hacia la conciencia sensible que abra la puerta del reconocimiento mutuo y profundo de los seres. 

Hay quienes no nacen para escribir pero sí para leer; para establecer y hacer funcionar la poesía en el mundo. Estos no tienen el derecho de confundirse de tal manera que lleguen a considerar a los poetas como a otros hombres o mujeres cualesquiera, a la poesía como a otra acción más en medio del desenfrenado carrusel de acciones humanas, y al lenguaje como un implemento común y corriente que puede ser usado y abusado según la complacencia de los poderes de turno.  

La lectura es el camino para aparejar las palabras hacia aquello que los poetas no han logrado aparejarlas. Antonio Machado supo decir que también la verdad se inventa, y leer no es sino el inventar incesante de lo escrito dentro de todo aquello que debe vivir, porque lo escrito (y todo lo creado con sangre y hueso artísticos) probablemente sea verdad pero solamente llegará a serlo por completo si atraviesa el fuego eterno de la lectura. Para el escritor, y para todo artista, leer es habituarse a la fertilidad y a la agudeza que necesita para rescatar del fango del mundo los dos o tres fragmentos de vida que quizá logre retratar con suficiente intensidad para hacer vivir a otros y a otras. Leer no es estrictamente una etapa previa a la escritura, aunque desemboque con mayor frecuencia en esta; leer podría ser el camino hacia todas las artes; tal vez podría ser el núcleo del arte; aun más, podría mostrarnos el sentimiento vital del arte. Y el arte podría no respirar el mismo aire que la mayoría de las cosas del mundo: el error de la insensibilidad.

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Foto: Silvia Figueroa

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