Mía,

mi amante, amor al ocaso, recuerdo cenital que en mi borrosa escritura es polvo y golpe y tierra: nada se compara a la profundidad de túnel de tu deseo y a tu cuerpo de justas proporciones como el camino al pie o el zapato a la marcha. En ti mis ansias verticales escalan tu respiración juvenil de pétalo mojado, y se estremece tu cuerpo de océanos como pezones profundos, tu cuerpo de caderas de arena fatigante para la sed y el desasosiego.


Aquí mis brazos rodean de vuelos y naufragios tu cuerpo. Besos perdidos para tu boca en asedio, suspiros infructuosos para tus alas, collar de silbos dulces para tu cuello.


Que esta electricidad baje por tus hombros y se enrolle en tus muslos divinos hasta tus pies, y te transmute en caricia.


He atado al olvido tu nombre y tu apellido dentro de este círculo concéntrico.


****


Esquirlas de mi yo

1.

 

Yo,
ebrio de aromas

y de licor de ausencias

límite de mí,

de mi nada…

 

2.

 

Soy un desde

y un entonces.

Una tarde.

Soy escombros.

Lluvia.

Soy brisa

y uso zapatos de lluvia.

                              Días

                sueño

ayer.

Absorto de naufragios,

sucesivo,

me borran

las huellas al sur,

hacia las brisas.

 

 

3.

 

Forcejeo en lo fugaz como un grito.
Crece hierba de hojas húmedas

y el rumor de música del viento.

Más allá vibra una cuerda.

 

4.

Bebo la tarde.
Tus ojos,

caminos de fuego.

El olvido es sólo aire

al respirarlo.

 5.

Palpo tus alas,
tus cantos.

Tu espesura.

 


6.

 

En el colegio estudiaba las palabras

que caían de los anaqueles

o de la boca de los profesores.

Revisaba su geometría dorada,

sus aristas luminosas,

medía sus fatigantes vértices,

calculaba sus longitudes ideales,

oía su sonoridad de caracola

y situaba las palabras a contra luz

para observar su transparencia,

para ver su vientre de rocío

y su cuerpo

advenedizo a los presagios

y al aburrimiento,

exploraba sus territorios sitiados,

parcelados por la gramática,

y hallaba sus grietas de vasija de barro

por donde huían los suspiros de Dios.

Y escribía estas palabras en el viento

que descocía mis zapatos

por correr tras el invierno.

 

 

7.

                                        Así

voy construyendo mi corazón:

de árboles, hoja a hoja,

de silencio baldío, de tierra,

y de olvido

****

Alexánder Buitrago Bolívar: 


Nació en Zipaquirá, Colombia, el 24 de noviembre de 1977. Participó en los colectivos literarios Fundación Siembra, Zaguán de Poesía y Los Impresentables. Es Hermano de la Salle. Publicó el poemario  Estación del fuego  en 2007. Ha obtenido varios reconocimientos  literarios: Primer puesto en el II concurso La memoria de nuestros pueblos”: Homenaje a los estudiantes caídos en soledad”; mención en el IX concurso Bonaventurano de Cali; mención en el XXVI concurso de Poesía y Cuento de la Universidad Externado de Colombia, y segundo puesto en el XII concurso de poesía Eduardo Carranza (año 2014).

***

Foto: Eduardo Juárez 


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