[1]

1996

ajena desde entonces

embriagada de un tiempo en que casi las risas

marcaban sus abismos

la ciudad apenas invitaba al juego de la noche

 

muy oscura

me dijo Claudia

mientras bajaba del asombro de romper el aire

 

por las calles crepitaba un enjambre de mordiscos

perros famélicos y huesos

vagabundos

criminales

parecían escucharnos

 

solo lo supe entonces

ahora es tierno aquel afán del hambre

 

era una palabra a medias

perversa

como el verano de los viejos

 

sin embargo

dijo entonces lo que es ya silencio

 

ella se aferró a mi mano

y tuvo miedo de poblar el mundo

yo también caí sobre la trampa

 

alumbraban ya

los primeros faroles

 

[2]

De tal manera me atrae el desborde

que tiemblo de espasmo cuando no hay precipicios

equilibrista de lunas sucias

aprendo en silencio el modo de caerme

de todos los faros elijo el vacío

que tiende enramado sus ríos al peso

por eso he cambiado las alas por hambre

las huellas por signos

los pasos por asco

apenas descubro una grieta en la zarza

y pongo entre espinas

mis brotes aéreos

de allí mi costumbre de andar por el vértigo

de caer entre brazos que esconden abismos

soy el que salta

el que apura los tramos y delira

y sueña que cae

y luego entierra en la nada

sus pezuñas

[3]

Tengo peñascos de incendio entre las uñas

que arranqué con saña de cuerpos que se iban

pedazos de silencio que se hicieron puertos en silencio

y una canción de azogue para caer con calma

(alguna vez

frente al mar

descubrí que el agua es como el odio)

 

vengo de morir y nunca he muerto

este                 es mi primer fracaso

 [4]

Buscabas un trébol brillante

para ponértelo en los labios

te asombraban los charcos y las ramas

las tardes en que nada sucedía

el teléfono sonaba a veces a pesar

del miedo y en medio de tu pecho

miradas extrañas asomaban a la luz

 

abril era entonces una ciudad descalza

pero un día vino y se llevó a papá

 

entonces creíste en la luna

en la soledad de las presencias

te fugaste de los sueños a una tierra

de ardientes guijarros el polvo

se encargó de lo demás

 

mamá nunca entendió por qué hurgabas en el barro

vos tampoco

 

el hecho es que había piedrecitas que guardaban

una música apacible y generosa

el hecho es que nunca

se te ocurrió alzar los ojos y mirar

[5]

mesa y rocola sobre fondo rojo

las botellas se han ido acumulando entre las dos mujeres

como las marcas sobre un calendario

así también los pósters que anuncian aguardiente con culos imposibles

los equipos de futbol del año anterior o de la infancia

las manchas de humedad y de asfixia

la mugre   la indolencia

aquí la cumbia reina

aquí el silencio es algo que se va muriendo

ayayay chuchita flaca                 ay dolor ya me volviste a dar

desde el fondo           una voz gastada exige una ranchera

y arroja un papel al centro de los gritos

pero las mujeres están atrincheradas en el rincón propicio

y tiran putazos y mientan madres y escupen animales que brillan y se esfuman

una es casi vieja

la otra es más vieja todavía

una baila                                 la otra tiembla

¿qué río de abandonos les procuró esta furia?

¿qué océano de espinas?            ¿qué esperma acuchillado?

pero ellas gritan         felices                 sobre el humo y el cansancio

y cantan las historias más tristes que puedan bailarse

y se jalan los pelos y somatan la mesa

y piden otra mamaíta esta vez que sí esté fría

y hablan de los hijos de puta que las abandonaron

con cinco muchachitos y una panza que estallaba

y de cómo el camino las dejó dormidas

antes siquiera de pedir prestado un farol para abrigarse

pero ellas ríen

y azotan sus cabellos teñidos hacia el foco de la pieza

y se sienten hermosas                 plenas                 rubicundas

y cuando alguna quiere llorar la otra la sacude

esta noche no mamaíta              esta noche es fiesta

y en realidad es fiesta

porque lo que les espera afuera no tiene nombre

es algo atroz

y ellas lo saben

***

Eduardo Villalobos (Ciudad de Guatemala, 1974). Ha publicado los libros de poemas El ojo en la vela (1998), Lunas sucias (2005) y Los demás (2013). Trabaja como editor, como tallerista y como catedrático universitario. Fue miembro fundador de la revista Tayer, jefe de redacción de La Ermita y director de El lector. Su trabajo ha sido recogido en diversas antologías, entre ellas: Tanta imagen tras la puerta. Los poetas guatemaltecos del siglo XXI (1999), Voces de posguerra (2000), Microfé (2012) y El futuro empezó ayer (2013). Ha colaborado en diversos periódicos, revistas y medios digitales. Actualmente es columnista de la sección cultural del diario Siglo 21.

Foto: Fernando Vérkell

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