Vacío está el corredor que da al jardín y la llovizna entra un poco hasta donde estoy de pie. Desde hace 30 años ya no era el mismo, esos 4 años lejos cambiaron al Abuelo. Ya no había esos juegos y risas que recuerdo eran constantes en nuestras tardes. Tardes que se convirtieron en lejanía y tés con miel y leche prolongados. Recuerdo al abuelo sentado en el corredor y enfrente pero distante, la Abuela, esperando porque la mirada del Abuelo se posara en ella. 432 muertos pesan, son un costal de huesos y tierra difícil de llevar, esos años en la guerra dieron fruto. Atrincherado en el corredor, apuntaba a cada uno de esos 432 disparando recuerdos que le ardían, se notaba en cada sorbo de té. Un día desde esa trinchera de recuerdos, apuntó y sumó el muerto 433 para izar la paz en su alma, en el más allá y sin darse cuenta, sin saber que arrastraría uno más, sumó, sin querer, el muerto 434 que con una bala de tristeza hoy también sepultamos a la Abuela.

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Eddy Imeri. Guatemala, 1978. Ha publicado Y no volveremos más con Editorial X.

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Foto:  Carlos Bernando Euler Coy

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