No sueltan de sus bocas más que especulaciones y niebla negra. Nadie sabe algo. Parece extranjera y por la vestimenta… mmmm… La chica presenta señales de estrangulamiento. Los policías permanecen distantes, como si no fuese una pesadilla. El forense nunca dará un informe oficial, insinúa la chica policía con sus congelados labios. La escena es una de esas álgidas y ásperas. Ella se acerca al cuerpo y sabe que besar a una muerta no estaría mal.

En medio de los interrumpidos hilos de un sol fantasma, le es encargada la tarea de revisar los alrededores en busca de pistas, también debe interrogar a monstruos casi humanos que viven en aquella zona. Se acerca a la patrulla, se sirve una sustancia aceitosa, rancia e informe que se atreven a llamar café. Camina y también se vuelve gris.

Sabe que preguntar está de más, la chica era meretriz, como también lo era su hermano. Cierra los ojos y lo ve caminando por páramos desolados que conducen a ciudades malditas donde pueda alguien desear su amor por algunos billetes. Suelta una lágrima que se rompe en fragmentos absurdos al tocar el suelo. Saca su teléfono y llama a su hermana menor. Se saludan torpemente, después intercambian algunas palabras divinas dejando en claro que su barbudo, alto y gordo padre yace roncando en su cama vieja. Cuelgan.

La niebla la viste y la desviste frente a cadáveres que nada le dicen, rostros condenados que no reconoce…

Al volver a la comisaría informa que solo corroboró lo que ya se sospechaba, nada fuera de rutina, la víctima contaba con las mismas características que las anteriores. Un policía de voz irreal le dice que la chica ya se halla en la morgue, en un congelador, esperando el fin del mundo tal vez.

Vuelve a casa pasada la media noche, su hermana menor duerme. Se sienta en la pequeña cocina y enciende un cigarrillo, el frío la devora. Su padre se acerca caminando, se sirve un poco de petróleo dulce y suelta gravemente… gracias por no delatarme. Ella lo ve con lágrimas a punto de coagularse. Pero tú sabes, continúa él, que tengo que matarlas a todas por lo que le hicieron a tu hermano. La chica policía recuerda el cuerpo de la chica muerta, pero ahora le brinda el rostro de su hermano… Lo sé, responde.

***

César Francisco Yumán González. Payaso a tiempo completo, licenciado en Artes Ocultas, primer lugar del Certamen Latinoamericano de Editorial Paroxismo, 2013 (EE.UU.) Libro de cuentos «», Editorial X, 2015 (Guatemala); incluido en la antología Peces con alas, Ediciones Croupier, 2015 (Argentina); publicado en la Antología de Relato Corto Policiaco 2014 de la Asociación Letras con Arte, 2014 (España) y coeditor de la revista literaria Circo del ojo; además ha sido publicado en varias revistas literarias de Guatemala y México.

Foto: El fantasma de Carlos Mérida bajando las gradas del banco, por Eduardo Juárez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s