Te vi. Apenas por encima de la frontera que dividía la infinita nación de las percepciones, y lo material sin categorías, muro inacabable, hecho de eternidad, y hoy por ti deslizan fuertes vientos con olor a frescas brisas, húmedas de cambio. Parado me encuentro, con los ojos apenas llenos de horizontes, te siento tambalear a ti, que con firmeza me garantizaste esclavitud, que con muerte en mano amenazaste con sueños vanos y sellaste el código de producto en lo que hoy es poco menos que humanidad fría… fría. Al parecer el frio no se fue del todo de ti, continua haciendo equilibrios en todo, hasta en tu destrucción. Era tras el calor que ibas, irradiaste con intensidad los trópicos, tomaste riquezas en busca de calor. Viejo amigo, antiguo salvador, eternas y glaciales glorias a ti. Bajo la tierra haré alfombras en las superficies de la tierra, y si tímidos genes planto en un tibio amor, tras la vida lucharán bajo mis ojos inmortales, estos mis ojos que te verán caer.

Honor a ti humanidad. Y yo que sigo sin entender cuando tus propios pies buscaron equilibrio en aquel muro.

Manuel Madrigal. Guatemala 1988. Estudiante de letras, aprendiz y escritor ocasional.

(Foto: Mady Sabán)

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