Oscuridad. Se escuchan dos voces un tanto lejanas.

HOMBRE 1.−            Ya va a ver que es fácil. Un par de vueltas a la izquierda. Así. Cinco a la derecha. Ocho a la izquierda y seis a la derecha. Ahora hale y empuje. (Se escucha el ruido de una puerta que se abre dejando entrar una línea de luz). Vamos, entre.

HOMBRE 2.−            No entraré sin usted.

HOMBRE 1.−            Usted me dijo que lo trajera hasta aquí. Que le enseñara el lugar. Eso hice.

HOMBRE 2.−            Estaba sobreentendido que…

HOMBRE 1.−            Yo no quiero entrar. Hace tiempo que yo…

HOMBRE 2.−            El sargento estará contento si usted colabora.

HOMBRE 1.−            Pero si estoy colaborando. Vamos, entre de una vez.

HOMBRE 2.−            ¿Y lo dejo aquí solo? ¿No quiere las llaves de las esposas? ¿No quiere que le dé dinero para un taxi?

HOMBRE 1.−            Vamos…

HOMBRE 2.−            Entre de una vez.

(Se ilumina la estancia cuando la puerta se abre totalmente. Es una especie de bodega más o menos grande. Pulcra, aunque con algunas telarañas en las esquinas, en el foco de luz, etc. Las paredes blanquísimas y en toda la habitación repisas con gorras con viseras de diferentes colores, cuidadosamente ordenadas como en la exhibición de una galería o un museo. Es tal la cantidad de gorras que la habitación se hace multicolor. El hombre 1, que aparece inmediatamente, es de unos cuarenta y tantos años. Está esposado. El hombre 2, que le sigue, tiene cerca de veinticinco años. Es fornido y bien parecido).

HOMBRE 1.−            (Entrando) Es la fecha de nacimiento de mi sobrino.

HOMBRE 2.−            ¿Cuál?

HOMBRE 1.−            La clave de la puerta. Dos a la izquierda, cinco a la derecha, ocho a la izquierda, seis a la derecha. Dos de mayo del ochenta y seis.

HOMBRE 2.−            Lo recordaré. Es muy similar a la mía.

HOMBRE 1.−            Ha de tener su edad, oficial. ¿Cuántos años tiene usted?

HOMBRE 2.−            No importa.

HOMBRE 1.−            ¿Unos veintitantos? ¿Veinticinco?

HOMBRE 2.−            No importa. Pero apúrese, pase hasta dentro.

(El hombre 1 entra y su rostro se altera un tanto).

HOMBRE 2.−            ¿Qué le pasa?

HOMBRE 1.−            (Pausa). Nada… es que… tantos recuerdos…

(El hombre 2 se percata de los cientos de gorras).

HOMBRE 2.−            ¿Y esto? ¿No me diga que…? (Va hacia una e intenta tomarla).

HOMBRE 1.−            ¡No la toque!

(El hombre 2 se paraliza).

HOMBRE 2.−            Son…

HOMBRE 1.−            El olor. No toque ninguna. (Pausa). Ninguna.

HOMBRE 2.−            ¿Son…?

HOMBRE 1.−            Sí. Cada uno de ellos.

HOMBRE 2.−            Pero son tantos… Más de los que pensé.

HOMBRE 1.−            Usted no sabe.

HOMBRE 2.−            Y todo este tiempo aquí en nuestras narices y… (Va a tomar otra gorra).

HOMBRE 1.−            ¡No! ¡Ya le dije que no las toque! Espere. Mire. ¿Puede quitarme…? (Eleva las manos mostrando las esposas).

HOMBRE 2.−            Sí, sí, sí. A ver. ¿La puerta se abre desde aquí adentro?

HOMBRE 1.−            Sí. (Hombre dos cierra la puerta. Oscuridad total). El interruptor está entrando a la derecha. Tenga cuidado, no las toque. ¿Está bien?

HOMBRE 2.−            Está bien. No las tocaré.

(El hombre 2 prende la luz, que se encenderá y apagará constantemente y a intervalos irregulares. Va hacia el hombre 1 y le quita las esposas).

HOMBRE 1.- Me costó juntarlas todas. Era difícil, pues… usted sabe. (Va hacia una gorra azul marino colocada en un rincón). A veces tenía que ir al día siguiente o una semana después. Era difícil a veces. Esta sí. Si tanta es su curiosidad tome ésta. (Le da la gorra azul marino. El hombre 2 la recibe y la observa detenidamente.)

HOMBRE 2.- O sea que siempre las mantuvo aquí.

HOMBRE 1.- No entiendo por qué tanta insistencia en venir aquí. ¿No será mejor encontrar al asesino? ¿Buscar pistas que los conduzcan a él?

HOMBRE 2.- Suponemos que tienen que ver.

(El hombre 1 toma una gorra amarilla, la huele profundamente y luego la coloca en su lugar.)

HOMBRE 1.−            Recuerdo éste.

HOMBRE 2.- ¿Así?

HOMBRE 1.−            Mario Contreras. En su casa. Se quedaba solo una vez al mes. Me costó cinco meses.

HOMBRE 2.−            ¿Se recuerda de eso?

HOMBRE 1.−            (Tomando una gorra roja que huele también). Esteban Ordóñez. Once años. Campos de fútbol. Zona doce. A las seis de la tarde.

HOMBRE 2.- ¿Hasta la hora?

HOMBRE 1.- Todos merecían que pusiera suma atención. Cada uno de ellos es especial.

HOMBRE 2.−            ¿Y ésa? ¿La verde?

HOMBRE 1.- (Toma la gorra verde y la huele. Es casi un ritual el recoger, oler y volver a colocar cada gorra en su sitio). Rodrigo Méndez. Trece años. En mi auto. Después del colegio. Tres de la tarde con diez minutos.

HOMBRE 2.−            ¿Y ésta? (Enseña la gorra azul marino que tiene en la mano).

HOMBRE 1.−            (Pausa) Ésa no.

HOMBRE 2.−            ¿Por qué?

HOMBRE 1.−            ¡Porque no! ¡Y déjeme en paz!

HOMBRE 2.- ¿Qué no entiende? Necesitamos los nombres de todos estos niños. Bueno, supongo que son jovencitos ahora.

HOMBRE 1.- Algunos sí. Otros ya deben de ser hombres. ¡Qué lástima!

HOMBRE 2.- ¿Qué?

HOMBRE 1.−            Cuando los tenía lograba ver como se convertían en hombres. Eso era lo mejor que podía pasar. Ver cómo se transformaban de niños en hombres justo delante de mis ojos. Cómo sus cuerpos se iban convirtiendo poco a poco en viriles formas que… (Suspiro. Pausa. Un poco de horror se nota en sus ojos). Se lo dije. Es bueno recordar pero… Está regresando… Y yo no…

HOMBRE 2.- Recuerde, por favor. Necesitamos los nombres de todos. Una lista completa.

HOMBRE 1.−            ¿Quiénes son los que…?

HOMBRE 2.−            Creo… (Saca una libreta y busca. Luego lee). José Barreda, Javier Ajú, Yuri Ovalle y Cristian Castillo.

HOMBRE 1.- ¿Cristian también?

HOMBRE 2.- Sí.

HOMBRE 1.−            (Acercándose a una peculiar gorra de colores). ¡Qué lo siento! No sabía que también Cristian… ¿Cuándo?

HOMBRE 2.- Ayer. Bueno ayer lo encontraron.

HOMBRE 1.−            ¿También…?

HOMBRE 2.−            Sí. Un balazo…

HOMBRE 1.−            En el oído, la boca cosida y los ojos… (huele la gorra.)

HOMBRE 2.−            (Cortando). Sí. También eso. Ha sido la misma persona. Estamos seguros que…

HOMBRE 1.−            Entonces, ¿necesitan los nombres?

HOMBRE 2.- Sí. Para buscarlos a todos y ponerlos bajo vigilancia. Estamos seguros de que va a volver a atacar y podría ser cualquiera de éstos. (Pausa) No pensé que fueran tantos… (Se nota abatido.) … Que fueran tantos.

HOMBRE 1.- ¿Todos corren peligro?

HOMBRE 2.- Sí. Todos.

HOMBRE 1.−            Y, ¿usted sabe por qué lo hace?

HOMBRE 2.- No sabemos aún. Pero estamos seguros de su modus operandis. Eso ya es un paso grande. Y ahora con la lista que nos dará usted, los dueños de estas gorras…

HOMBRE 1.−            Yo no le daré nada.

HOMBRE 2.- Pero, ¿qué le pasa?

HOMBRE 1.−            El trato era ése. El trato era que yo le enseñaba el lugar y punto. Pero usted ahora quiere que…

HOMBRE 2.−            Es más fácil si… Yo no sabía que recordaba sus nombres y los lugares donde… Y hasta la hora. Usted debe saber donde viven, ¿verdad? Déme sus nombres y direcciones. Usted nos ahorrará trabajo y dinero puesto que con las gorras será un poco más tardado. Él atacará… Él atacará pronto. Estamos seguros de que…

HOMBRE 1.- ¿Y los usarán de carnada? ¿Así los usarán? Esperar a que ataque para que…

HOMBRE 2.−            Estamos seguros que pronto atacará pero ellos van a estar seguros. Nosotros los vigilaremos y…

HOMBRE 1.−            ¿Pronto?

HOMBRE 2.- Sí. Estamos seguros de que será pronto.

HOMBRE 1.- ¿Pronto?

HOMBRE 2.−            Cuanto antes nos dé los nombres nosotros…

HOMBRE 1.−            ¿Cuándo?

HOMBRE 2.−            … haremos todo lo necesario para…

HOMBRE 1.−            Y yo le dije el nombre de tres ahora, ¿verdad?

HOMBRE 2.−            Sí. Mario Contreras. Esteban Ordóñez. Rodrigo Méndez.

HOMBRE 1.- Pero…

HOMBRE 2.- Va a ser fácil encontrarlos a ellos tres pero son cientos. Acá por lo menos hay cientos de gorras que…

HOMBRE 1.−            ¡No lo permitiré! ¿Sabe?

HOMBRE 2.−            Sus dueños deben de estar…

HOMBRE 1.−            ¿Por qué lo haces?

HOMBRE 2.−            … en peligro inminente que…

HOMBRE 1.−            ¿Por qué lo haces?

HOMBRE 2.- ¿Qué dice?

HOMBRE 1.−            Samuel Tista. En el cuarto de sus padres.

HOMBRE 2.−            ¿Qué dice? ¡Cállese!

HOMBRE 1.−            Su padre apenas lo veía porque estaba siempre trabajando o haciendo como si trabajaba…

HOMBRE 2.−            ¡Cállese de una vez!

HOMBRE 1.−            …mientras se cogía a su secretaria y su madre en las vecindades tratando de meterse en las vidas ajenas dejando al niño solo.

HOMBRE 2.−            ¿Se va a callar de una vez? ¿Se va a callar de una vez o…? (Saca su pistola y apunta al hombre 1).

HOMBRE 1.- Solo con…

HOMBRE 2.−            ¡Cállese! ¿Qué? ¿No entiende?

HOMBRE 1.−            Te dejaban conmigo. ¿Por qué, Samuel?

HOMBRE 2.−            ¡Cállese! Yo no… yo no… soy… yo no soy… yo…

HOMBRE 1.−            ¿Por qué fuiste el primero? ¿Por qué, Samuel?

HOMBRE 2.−            Cállese o le juro que… yo no… no… soy yo…

HOMBRE 1.−            ¿Por qué?

HOMBRE 2.−            Le juro que…

HOMBRE 1.−            ¿Qué? ¿Vas a matarme como has hecho con los muchachos? ¿Una bala en el oído y…? ¿Me coserás la boca a mí también? ¿Qué harás con mis ojos?

HOMBRE 2.−            ¡Maldita sea! ¡Vete a la mierda, maldito maricón de mierda! ¿Qué te pasa, marica? ¿No ves que tengo el arma? ¿No sabes que están mejor donde los estoy mandando? Es mejor que vivir así como… como… como… con este maldito… como… maldito… con este maldito recuerdo de… como… con… este…

HOMBRE 1.−            Yo nunca les hice daño. Yo nunca te hice daño. Siempre los quise a todos, por eso yo nunca… Yo recuerdo que…

HOMBRE 2.−            ¡Cállate maldito! Ellos tampoco hablaron. Ellos se quedaron callados como… como…

HOMBRE 1.−            Pero si era solo amor. Yo los amaba. Yo te amaba.

HOMBRE 2.−            ¡Cállate maldita marica!   Ellos se callaron como yo y por eso todas estas gorras… si yo hubiera hablado, yo… si ellos, los que siguieron, no hubieran… si sí hubieran habla… y yo, ¿por qué? ¿por qué putas no hablé? Deben de haber cientos y miles y cientos y… miles y cientos después de… cientos y miles y… miles… después de mí y cientos y cientos y… ¡Maldita sea! ¡No voy a terminar nunca y…!

HOMBRE 1.−            ¿Por qué les haces daño?

HOMBRE 2.−            Maldito. Maldita. Tú nos hiciste daño. Tú, tú, tú y… nos… les hiciste daño. Tú y tu mald… tú.

HOMBRE 1.−            Yo no. Yo sería incapaz de hacerte daño. (Se va acercando al hombre 2 que continúa apuntándole). Si yo los amo. Los amo a todos por eso… (Pausa. Se acerca. Tiene la pistola en la frente. Pausa muy larga. Lentamente toma la pistola. El hombre 2 no hace nada. Está llorando). Es por eso que no puedo darte la lista de… es más, tú no deberías haber venido. Yo los quiero, mi niño. (El hombre 2 está llorando como un niño, de pié, desconsolado. El hombre 1 tiene ahora la pistola. Se acerca al hombre 2 y lo abraza. El hombre 1 se deja abrazar. Ambos se arrodillan lentamente abrazados). Yo te quiero, mi niño. ¿Te acuerdas? (Le pone la gorra azul marino que el hombre 2 nunca soltó). Así te ves bien, mi niño. ¿Te acuerdas? ¿Sabes que hoy que fuiste a buscarme a la prisión te reconocí? Me acordé de ti. Por tu olor. El tiempo todo lo borra menos el olor, el polvo se mete pero en el fondo está el olor y en las gorras… era inconfundible y es… un poco más maduro el olor ahora pero… eras tú (La luz comienza a desaparecer). El olor ése que recuerdo… que recuerdo cuando te decía al oído… (Toma la pistola y se la coloca al hombre 2 en un oído mientras le habla muy cerca). Cuando te decía al oído: “Te quiero”. (Oscuridad total). Eras bueno. Muy bueno… lástima que creciste… lástima… es una lástima…

Silencio.

***

Estuardo Galdámez. Ha tomado talleres de Crítica, Dirección y Dramaturgia en España, El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Ha servido varios talleres de dramaturgia y dramaturgia actoral. Como actor ha participado en más de veinte obras de teatro. Ha dirigido más de veinte montajes. Sus obras dramáticas y sus direcciones han sido traducidas al portugués y al inglés y participado en festivales nacionales e internacionales como El festival de Teatro Lido de Brasilia, Brasil; El Festival por la Vida de San Ramón, Costa Rica; entre otros. Premio Muni a la Dramaturgia 1998. Premio único de teatro de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango 2011. Premio de Nueva Dramaturgia Guatemalteca 2012.

[Foto: Mady Sabán]

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