Miserias  

No tengo mesa en dónde servirme la cena

ni una copa,

…la basura se adueñó de mis botellas sin alma,

no hay nadie con quien brindar y dedicarte

los orgasmos ácidos de mi garganta

que duermen mi memoria

para que no duelas tanto.

 

No tengo una cama grande

ni suficiente frío en las venas para pretender olvidarte…

¡me falta tanto!

 

Pero hay algo que sí tengo:

un postre de agua y sal entre las mejillas,

mi  luz apagada durante la noche

y la cortina cerrada en el día.

 

Cuarenta y dos suspiros al aire muerto

cuatro paredes incoloras,

tres llamadas perdidas

y un dolor imaginario

peleado con aspirinas.

 

Anidándome

Tu piel

mapa paradisíaco de historias perdidas

en el tiempo que no es el nuestro,

augurio secreto que se rinde a mis convicciones

a la seducción de mi tacto

regalándonos  complicidad

a la sazón perfecta del morbo.

 

Tu cuerpo

la tierra húmeda

fértil

donde puedo sembrar a gusto mis uñas

para cosechar las ciruelas  del placer

…darles el sacramento del  sudor y la simiente.

 

Centímetros de bello, poros y sol dentro de mí

jugando a la magia desde la lengua al vientre

procreando nuevas adicciones

a tus sales  trémulas

y tus músculos pélvicos

presos entre mis piernas.

 

Trío perfecto

Mi andar se apresuró

ante el manoseo de la lluvia de hace unas horas

mientras el escalofrío anunciaba

el encogimiento de mis hombros…

 

El atuendo me destilaba una prisa absurda

más mojada que la lluvia aprisionada en la tela;

 

Navegué del umbral del eco de mi puerta

hasta mi esquina favorita del dormitorio

donde el espejo alberga mis defectos perfectos de piel extra y vellosidades

 

y el exorcismo de mis manos diluyó una a una las capas de poliéster, de franela, de encajes…

de mezclilla enlodada,

 

sentí quejarse de frío a mis senos tímidos

y los pezones erizos como listos al calor de una lengua ajena,

el vientre me subía y bajaba, convulsionándose

la pelvis en quietud sepulcral como un convento abandonado,

las piernas eran dos columnas al borde del derrumbe.

 

Me vi, allí

abracé mi desnudez empapada

jugosa,

entre sudor y su sabor a aguacero

cerré los ojos

y mis caderas sintieron por detrás

tu virilidad despierta.

 

Bambalinas

Colorear el silencio con notas

Inspirar

dejarlas flotar  una tras otra,

oírlas morir en el viento

y vibrar las cuerdas

hasta agotarse el aliento.

 

Compases convulsos copulando

y todo el cuerpo inmerso

sudor que lubrica la espalda,

labios arrojando su magma

convulsiones escénicas

morir un poco…

augurar el cisma

morir sin voz.

(Foto: Cindy Lorenzo)

Rubí Véliz Catalán. Estudiante de Letras de la Universidad de San Carlos; es mezzosoprano  y estudia bel canto en el  Conservatorio Nacional de Guatemala. Lee y escribe poesía y narrativa eróticas. Desde 2014 colabora para la revista literaria electrónica Casi literal.

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