El día que lo vi llovía; era de madrugada. Cada vez que caminaba se movía con cierto ritmo y ligereza. –Dicen que lo que más nos atrae de alguien es ese lado oscuro, una relación poco probable y casi imposible-. Él era ese tipo de hombre nada agraciado físicamente, con una vestimenta que prejuiciaba un estado de ánimo perezoso, con señales de una vida rutinaria y monótona, pero –en lo personal eso me atrajo- El día que le dirigí la palabra, bueno, el saludo, ni siquiera levantó la vista. Desistí de hacerlo y opté por ignorarlo. Sin embargo, durante dos semanas, en un par de ocasiones, las miradas se cruzaron por dos segundos y ese brillo que descubrí en sus ojos verdes, confieso que, me cautivó. Ya era común encontrarlo en las mismas paradas del tren.

Cuando llegué, a una cuadra del restaurante, fumaba el cigarrillo del medio día, era el quinto. Siempre me comentó que agradecía el estrés del trabajo, a su esposa y la lectura de Bukowski el hecho que la nicotina y él ya eran uno solo. –Cuando haces sonreír a una mujer tienes la mitad del terreno ganado- Dice el refrán de ellos. Conmigo no solo tenía el terreno, sino mi mirada, mi boca e incluso mi cuerpo.

Hablar de todo y nada se había hecho costumbre, reuniones laborales que inventábamos a nuestras parejas para solo charlar; besos con el hambre demorada, momentos que descubríamos nuestros. Él y yo siempre lo supimos: el amor no existía; era solo esa ilusión de algo que no podría ser. Hacerlo socialmente conocido era perder lo que había –si había algo-.

Hoy lo recuerdo con esa nostalgia triste. Lo perdí, lo perdimos ambas. Recordar esa noche es morir en vida. Él se fue y yo ni siquiera puedo dormir con la luz apagada. Su auto quedo inservible. Milagrosamente vivo, pues la discusión –de siempre- me hizo desabrochar el cinturón de seguridad y salir de saltando de allí. No recuerdo su rostro, su voz es casi inaudible.  Sin duda alguna, encontré lo que amo y dejo que me mate, lentamente.

*

Iris Cecilia Alvarado. Guatemala, 1990. Profesora. Estudiante de literatura en la USAC. Ha publicado en la Revista Soluna, del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades. Editora de Revista Mandrágora.

Foto: Fernando Vérkell*

 

Anuncios

3 Comentarios

  1. me gusto , realmente muy bonito., pero el amor nunca muere cuando se ama anuque no se encuentre contigo el amor perdura. siempre por sobre todas las cosas.
    eso es amor.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s