A la memoria de Alphonse Daudet

Vivo en un faro. Ahora mismo su luz vira, anunciando el arribo de una barcaza de marfil.

Desde la ventana se ve el mar y nada más. Sobre un libro enorme escribo fábulas y dibujo salamandras. La luz del faro es tenue; hay días en que millones de barcos chocan contra la multitud de pinos derruidos que vagan por la isla. Aquí no hay nada, solo luciérnagas agotadas que revolotean; a veces juegan con la luz de la vela; a veces se queman; a veces yo me quemo las manos. A veces la luz y la vela se marchitan. A veces.

Por la escalera circular se escurren nuestros días.

Cuando cierro la ventana ya no escucho el mar. Es mentira que las caracolas tienen encerrado al cierzo entre sus líneas.

Los barcos que diseñaba Seguín zozobraron dentro de las botellas de nácar que encontré  el día del naufragio. Aquí no he hecho más que ver luces en alta mar.

Imagina el cierzo y la lluvia de minúsculos cristales que se estrellan contra la luz del faro. ¿Te has dado cuenta que su luz nunca se apaga? Está condenado a girar eternamente, como nosotros mismos. Hoy está tu recuerdo, pero quizá mañana estén tus despedidas.

En el paraíso he apuntado a una isla que viajaba siempre y para siempre en busca del sol. No la encontré y no pude llevarte conmigo. Pero siempre vas conmigo.

Ahora mismo llueve y el viejo búho con cabeza de pensador aletea y no quiere dormirse. Un libro viejo descansa sobre la repisa; el retrato de Cocognan, con su ojo rancio y sus dientes invisibles, me ve y sonríe. Las luciérnagas siguen revoloteando y mi sombra danza sobre las paredes húmedas.

Cada día se estrella otro barco en alta mar.

Hace toda mi vida, mientras nadaba hacia la isla, vi monstruos marinos y vi nubes; bebí agua de lluvia y bebí sangre; comí algas y comí almejas; lloré por ti y lloré por ti.

Ahora ya no lloro por nadie; dejo que el mar me limpie los ojos y me aje las manos.

En la bitácora escribo con letras rojas y caligrafía temblorosa:

Cada día pierdo otro día.

Por las mañanas recorro la isla. Me gusta ver las golondrinas que anuncian los tifones. Hoy, que se cumplen todos los años del universo, he caminado hasta la última frontera de la costa.

Corté algunas flores silvestres y vine a rezar por ustedes. Quizá mañana los acompañe, pero a mí no habrá quien me entierre.

()

[Foto: Andrea Torselli]

()

Fernando Vérkell. Guatemalteco. Nacido en 1989.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s