5

Un país muerto como palabra en los labios que mira hacia la noche y piensa encontrar en su belleza la dignidad de las rocas que cortan la piel de las olas con filos lustrosos. La roca no se doblega ante el mar. El mar no se cansa de abatirlas.

4

No encontré la dignidad de los vencidos ni el orgullo banal de los vencedores. Estaba solo y el mundo vacío, como una canica diminuta entre dos manos de niño.

3

Y era un país de mierda, bello pero inevitable e íntimo, como la muerte.

2

Hay un metal que muerde más fuerte que la risa. Hay un pájaro que calla, más fatal que los ojos.

1

Hay un escritor que se lanza hacia sus sueños o un adolescente que se lanza con los ojos vendados hacia el amor. Un amor fugaz. Un sueño eterno.

Magritte

Dos detectives se besan en pie sobre la noche. Uno

es como el recuerdo, el amor

en pesadillas enrarecidas, la piedad del verdugo

con el hacha de recuerdos fúnebres

El otro grita sobre aquel suelo

terrible que no pueden escucharse

las imágenes nacen del silicio atado a la cintura

los árboles sueñan

una realidad sin tiempo de desiertos industriales

algo se asfixia

No te escucho pronunció y sus palabras se regaron como latigazos escucha el dulce dolor de nuestra infancia vacía. Perdida entre los grumos que sedimentan del mar hacia el dolor. Provocas mi lástima le dice uno al otro y la segunda soledad germina de los ojos de la escupida que lanzó sobre el asfalto como una flor sin fin o como una estrella esotérica bajando iluminada del cielo.

Dos policías se besan en la oscuridad del silencio y el amor

frente al delirio carcelario de sus sueños

Contra qué luchar. Contra quién. Para qué escribir si a nuestra edad sobreviene el misterio. La luz de la derrota. Los que llegan vestidos con ropas diferentes a las que usábamos cuando teníamos empleo y dientes. El cansancio se mide a través de las miradas. La fe se pierde en los espejos.

La fe se pierde en los espejos desde donde la muerte nos mira

He aquí la soledad de nuestras antiguas banderas

y los soldados que murieron, que germinaron en semilla iluminada

en la patraña de la lucha. Un batallón entero

vuelve a la muerte. Un batallón entero “Ay, sigue muriendo”

Había cuatro pirámides construidas con los cuerpos de los soldados. Estaban desnudos, heridos, su sangre aún manaba caliente. Al verlos uno de ellos pensó que en lugar de sangre era luz y pensó en el muro. En esa enorme pared divisora entre la muerte y la vida de la que formaría parte.

Dos guerreros se besan en la enfermedad antes

de perder la guerra y la vida. Sobre la oscuridad

piden agua, claman de sed las viejas almas. Mi mano

derecha es la de matar piensa uno, mi mano izquierda

está acariciando en este momento su cabello sudoroso. Están

frente a una torre de cadáveres amigos

los bandos no importan en la muerte. Importan menos

en el amor.

(Foto: Eduardo Juárez)

Carlos González (El Jícaro, 1987). Lector desde 1991.

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