[1]

Azul

Bebe mi sed, mi sangre, mi pez, mis pobres

ojos de lluvia.

 

Cambia las sábanas, la arena, la lid,

las flores de mi tumba.

 

Una mujer desnuda (te).

Una mujer desnuda (me).

La ciudad se muere azul.

 

Sentados en la cama

te cuento los versos muertos,

esos

a los que no me atrevo.

 

Te ríes. Silencio.

 

Sonríes. Te amo.

 

Te ríes de nuevo.

 

Sabemos el juego:

entonces…

 

En todo te conviertes y mueres.

Resucitas desde tu vientre.

Te llenas, y llenas

la noche

de lunas nuevas.

 

Vuelas. Agitas

el aire

con tus alas.

 

Mueres o matas

─la muerte es nada─.

 

Laureles me pones.

Te diviertes,

juegas.

Me provocas.

La lluvia cesa

─¿o acaso

era un sueño?

 

Una mujer desnuda

se ríe en mis ojos.

 

Un beso y se eleva.

La lluvia vuelve y ella

que es curiosa

va a tenerla.

 

Flores eres, balcón y jueves.

La lluvia,

el sigilo del macho que acecha

las espaldas desnudas de una hembra.

La ciudad se muere azul

dos veces.

 

No hay estrellas.

Ni una sola en todo el techo

pero tú…

pero en tu pecho…

Eleva tus pecas

que las reclama el cielo.

 

Una mujer desnuda

suspira en mis espaldas.

La ciudad se muere azul

tres veces.

 

La lluvia nos olvida.

Una mujer que abrazo sueña desnuda

mientras yo

sueño desnuda una mujer que abrazo.

 

Todo se muere azul,

termina.

[2]

Se quitó una basurita del ojo

Se quitó una basurita del ojo,

una piedrita del zapato

que no la dejaba caminar en paz,

se desprendió un pelusa del saco,

un pelo blanco del gato

del pulóver más elegante.

Sacó mi nombre de su agenda

y ahora vive sin mí.

[3]

Todo es sexo. Ni siquiera erotismo.

Todo es sexo. Ni siquiera erotismo.

Sexo

y vulgar.

Hay desnudos en la televisión,

en las películas,

en al radio solo hablan de sexo:

cuentan chistes sobre sexo,

hablan de estadísticas, posiciones, costumbres, tabúes…

¡Hasta la fotografía artística es puro desnudo!

Pero le dicen “arte”.

Como si lo fuera.

Cualquier excusa es buena

para mostrar un cuerpo desnudo:

una muejr desnuda y atada,

un cuerpo desnudo con un pañuelo violeta

en el cuello o las muñecas o donde no arruine el desnudo,

una pareja desnuda y dos copas de vino…

todo está desnudo:

ya no quedan cuerpos vestidos.

Cuerpos. No almas. Quien desnude su alma irá directo al infierno.

─¡Estúpidos! ¡Ya estamos en el infierno!

Todo es sexo. Ni siquiera erotismo.

Y yo solo quería quedarme a tu lado,

vestidos y en silencio.

[4]

Tiene algo de sutil plegaria

Tiene algo de sutil plegaria

el beso

de “ojalá”

de “amén”

de “no te vayas”

de “Dios quiera que te quedes

para siempre”.

Algunas personas tienen este don

de hablar y besar

al mismo tiempo

de hablar con la boca llena

de besos.

 

(Foto: Eduardo Juárez)

 

Sebastian Zampatti (Argentina, 1978). Escritor, poeta y músico. Autor renegado de los circuitos comerciales y académicos abandonó sin culpas varias carreras para dedicarse por completo a la literatura. Actualmente trabaja en un proyecto de edición independiente y artesanal que permita la edición de pequeñas tiradas a autores que no tienen acceso a las editoriales o que no puedan cubrir los costos enormes de las imprentas. Es autor de poemas, cuentos, ensayos breves y varios artículos. Tiene un libro de poemas publicado y varios textos en revistas de España y de varios países de Latinoamérica.

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