[1]

El amanecer del color

Me arranco los ojos
contra la marea,
para anochecer
en el antojo
salobre
de mis uñas.

Ensañando el vacío
en mis dedos,
desde ellos,
entorno el más
lóbrego
de los ocasos.

 

 [2]

Lapsus cálami

Me revuelco en la rabia quejumbrosa,
la sien
que pulsa una risa absurda
de manecillas negras,
sinfonía al cuello de los astros
que monótonamente ruedan
aferrados
a la guillotina del mundo.

 

 [3]

Entendestia

Soy el vientre
de todas las estaciones
y la desnudez reciente
de aquella infantil penumbra.

De pronto
No soy más
que el más innombrable
de los seres.

 

[4]

Fosfeno
Me trenzo horrorizada el paisaje
la corona de algún cercano
estremecimiento.

Incesante
me acostumbro
a cerrar los ojos
y a permanecer
en el sueño inquieto,
alguna vez,
demasiado dormida.

 

 [5]

Belial

Pálida insidiosa infancia
como roedor cae mi asesino.
Toda instancia
abandona mi cuerpo
y observo atenta
cómo se seca el sudor frente a los muertos
desde esas cuencas deshabitadas
que anuncian de noche
la absurda brevedad de sus pupilas.


[6]

Redescubrir

Te redescubro en el paso muerto de las aves,
cuando sienten el olor de la carroña.
Precipitadamente se dejan caer
en un abismo de dolor inmaculado,
en la mañana crepuscular
en donde terminas y acaba.

 

Ana Gabriela Asturias González (Guatemala, 1989). Estudiante de la Licenciatura en Letras en la Universidad San Carlos de Guatemala. Ha participado en varios recitales de poesía y ha publicado parte de su trabajo en la revista literaria Soluna, Revista D y Te Prometo Anarquía.

 

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