[1]

A las 3:45 a.m.

busco al fondo de este silencio diáfano

el motor de un tráiler compresionando

al grillo

al perro o al gallo

lejanos.

Nada

es este el cuchillo de un Dios partiendo el tiempo.

Absorto

me llevo una tajada al sueño

y mi oído cae en coma.

 

[2]

ALIMENTAR AL OJO

Un nido celeste te sale del ojo

cuando miras al cielo y nutres tu pupila

de una casa verde

con jazmín que aromatiza el iris

 

La tarde transcurre oliendo a piña,

habita la desnudez en tu mirada

 

Embarazada de luz está tu sombra

Arrullas la vida asomándote al trasiego

de imágenes,

todo como un tapiz que se detiene en tu memoria

 

Mirar, sólo mirar

y atragantarse de reposo.

 

[3]

Vengo en representación

de esa parte de mí que todavía no ha sucedido

y pende de una infancia cuajada

en esta crisálida que me habla por los ojos.

¿En dónde quiere que firme mi lágrima?

 

[4]

LAS HORAS QUE LINCHAN

(advertencias contra el colmo)

Qué mandarina ni qué ocho cuartos

aquí se parte la razón y exime de esencias

 

Qué ni mierda que el cuchillo y demás metales

aquí punza y corta el delirio, la diáspora de la vista

 

Aquí que existe digo sangre -huevos-

porque nada escurre

y poco esa tanto que nadando en la memoria

el calendario hostiga para que basten sus líquidos

 

A salud de qué si apestan los yugos, con qué

ni para qué

la ansiedad muerde, revienta hasta despreocuparse

en el hastío

diseminando agua, en el charco del temor

 

Ocio para no matar, síndrome de agonías

carnaval de olores,

en el ruedo del tiempo

donde el connotado olvido atranca el pecho

-estaca sin retorno, anidando, siempre haciéndolo-

 

Anudándolo queda solo en esperpento

cuando tierra en boca se muerde a sí mismo

-polvo del polvo-

 

Catacumba que se extingue en la parálisis

de días sin carne

donde las horas que linchan, abyectas trabajan

horario para atravesarnos y luego huir

casi desangrar,

casi una simple cajita vacía de todo

y en la nada te recuperas en congoja

rapto con alevosía de una carne que te sostenía

en el temple aturdido de posibilidades

 

¡No te dije, pues!

 

*****

 

PAOLO GUINEA OVALLE. Nació en Guatemala, en 1975. Poeta, editor y músico. Ha publicado los libros Matriz de olvido (Editorial Cultura,  2000), Voz en off  (Magna Terra Editores, 2004) y Circo y Estadística (Magna Terra Editores, 2009). Su obra aparece en importantes antologías como Voces de Posguerra (Fundarte), Algarero Cultural 18: Antología de poetas guatemaltecos y dominicanos (Editorial Cultura), Microfé (Catafixia Editorial) y El futuro empezó ayer (unesco / Catafixia Editorial). Ha publicado en revistas culturales como Algarero Cultural, La Ermita, Magna Terra –un viaje hacia las ideas–; en el periódico Nueva York en Guatemala, además de varios artículos de análisis en la revista política C4. Ha participado en varios festivales de poesía. En 2004 obtuvo el premio único del concurso de poesía (2004) de la Fundación Myrna Mack. Actualmente se desempeña como subdirector de Magna Terra editores. Contacto: @paologuinea (en Tuiter).

 

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